La gaviota…
Le ví caminar en la orilla.
Oí su voz viniendo del mar.
Pensé que no me vería.
Sin embargo me quiso mirar.
Su vuelo era lento, cansado.
Su mirar un eterno olvidar.
Pensé que no me querría.
Sin embargo me quiso abrazar.
Sus heridas eran viejas, profundas.
Su llanto, como ola que va.
Pensé que no me hablaría.
Sin embargo me habló así sin más.
Me quedé a su lado en la orilla.
Le oí su miedo gritar.
Pensé que no me oiría.
Sin embargo me quiso escuchar
Tendí mis manos al viento,
arreglé de su ala el tendón.
Murmuré mil palabras al tiempo.
Para no amar ya no hubo razón.
Alcé mis brazos a modo de vuelo,
abriendo mi pecho hacia el sol;
mostrando mis llagas aún vivas,
llevando mi alma a su corazón.
Reí frente al mar abierto.
Dejé mi cuerpo flotar.
Entre su orilla y mi orilla
no hubo
más que el paso que quisimos dar.
Sus aleteos se tornaron más vivos,
y entre sus alas me vi señalar
la ruta que viene enseguida.
Cuando llegue el momento, volará.
La vi desplegando sus ansias.
Voló en mi cuerpo como en ruta de mar.
Las orillas se juntan y es eso
lo que recordaré de aquí en más.
Esa tarde se elevó a sus anchas,
sabiendo que ya podía volar.
Yo pensé que nunca se iría,
pero esta vez se quiso marchar.
A veces voy hasta esa orilla
en donde una vez le vi tropezar.
Para verle sólo cierro los ojos,
para amarle, me pongo a volar.
(parido el 7 de agosto del 2008)
Tags: Amor
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